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ÉTICA = TRANSPARENCIA?.

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ÉTICA Y TRANSPARENCIA.
El binomio ética-transparencia ha sido un tema que ha sido manejado desde hace largo tiempo. La transparencia se ha debatido entre una diversidad de definiciones y conceptualizaciones que la ubican muy de cerca de los intereses de quienes la definen.
Durante algún tiempo y en determinados círculos se ha utilizado como sinónimo de “ética”. Se ha jugado con escenarios supuestos que igualan los conceptos en unos casos y en otros los colocan como consecuentes, es decir, si hay transparencia se asume que hay ética y visceversa.
La ética por su parte ha llegado a ser un nombre sin contenido y para muchos un discurso cuando se le reclama ser una moral vivida o sea asumida para un comportamiento correcto
De estas desviaciones y acomodaciones llegamos a los escándalos sociales donde a nombre de una de ellas o de ambas se hacen reclamos que en muchos casos son reales y en otros corresponden a la confusión. En su nombre se les demanda pero en su nombre se ocultan inconductas, por eso hemos querido iniciar este debate como un aporte a la reflexión que urge hacer en los escenarios en que debutan.
LA ÉTICA.
La ética como tal es el marco referencial de la búsqueda del bien (agatón) y del ejercicio de las virtudes (areté). El bien fue visto en sus orígenes relacionado a la función que el hombre desempeñaba en la sociedad y la virtud como sus destrezas para realizarlas, como nos señala Victoria Camps en el libro Historia de la Ética.
Estos dos referentes son valiosos porque nos dan los antecedentes de dos términos que habrán de evolucionar a lo largo de la historia para ir adquiriendo un estatuto más cercano a la moral de las personas y al ejercicio bueno de estos en la comunidad. Es un paso de avance que no desdice de la primera interpretación ya que aquella implicaba responsabilidad y su incumplimiento se entendía como un fracaso ante los demás.
Queda claro en este pensamiento que estas condiciones no eran innatas sino adquiridas y de ahí la importancia que irá adquiriendo la ética y la moral, entendían con bastante claridad que al momento del nacimiento las personas traían una carga que llamaron primera naturaleza y que estaba ligada a su caracteres físicos, pero que las de la segunda naturaleza eran construidas, elaboradas, educadas y en tanto eran buenas y virtuosas constituirían el ethos o la ética de los individuos.
El ethos o la ética se traduce como, hábitos, costumbres, carácter que se va formando a largo plazo en la medida en que esas virtudes se desarrollan. Los actos buenos repetidos conforman los hábitos y estos las costumbres. Es un llamado hacía la construcción del bien colectivo
Si nos guiamos por el pensamiento griego de que todas las cosas tienen un “telos” o finalidad que les es propio y define su sentido, tendríamos que ubicarnos en la pregunta sobre cuál es el telos del Estado y cuál su sentido ético y sin dudas es la garantía del bien común, por tanto el bien sigue siendo el referente obligado de la acción ética y la moral la forma práctica en que este opera tras la consecución de ese objetivo señalado.
La ética reflexiona sobre la forma en que se comportan las personas y las instituciones o sea su moral, la que a su vez deber estar regida por un marco de normativas buenas, que en el caso del estado se expresan a través de sus instituciones. Queda claro que será a través de propuestas políticas orientadas por un marco de propuestas y ejecuciones morales que el estado se posiciona en un referente de tipo ético.
MacIntyre nos acerca a la realidad de la ética, la política, la moral de las instituciones y las personas que dirigen el estado al hablarnos de los bienes internos . Así como los griegos hablaron del telos de las cosas, este plantea “que una actividad humana, una actividad social como las que hemos mencionado, cobra todo su sentido al tender a un fin que le es propio; ese fin es lo que él llama “el bien interno a esa actividad” (2) Adela cortina- p30 Corrupción y ética.
Los bienes internos como el telos de las cosas nos enseñarán que la finalidad define el quehacer. Así el bien interno de la escuela es educar, de la universidad profesionalizar, del estado servir y garantizar el bien de todos.
De esta conceptualización se desprende lo que el mismo MacIntyre luego explica, si hay bienes internos, propios de las instituciones y actividades, existen otros externos, colaterales, buenos pero secundarios a los bienes primarios. Los secundarios son honorarios o ganancias, prestigio, poder, reconocimiento, los cuales no son malos en si, por el contrario, en muchos casos corresponden en justicia. Ambos tipos de bienes establecen una relación armónica donde cada uno juega un papel determinado.
La profesora Cortina abre una pista de mucho valor en el contexto de este artículo cuando nos narra que de esa lectura anterior podemos inferir que cuando se invierte la relación entre los bienes y los externos prevalecen sobre los internos, es decir actuamos o propiciamos acciones donde los beneficios personales están desligados o por encima de los bienes propios de la búsqueda del bien común o de la intención establecida es lo que genera y explica el fenómeno de la corrupción.
Ya pasamos a la órbita de la ruptura de la moralidad para exponer su opuesto que es la inmoralidad, por tanto la perversión de lo bueno es la corrupción.
Se rompe el referente ético de la construcción del bien y se pervierte la moralidad del acto que es la actuación dolosa. “Si atendemos al Diccionario de la Real Academia, el término “corrupción” se refiere al proceso degenerativo por el que una sustancia empieza a perder la naturaleza que le es propia y a oler mal. En ese sentido, cualquier sustancia tiene una naturaleza propia, que puede eventualmente perder y acabar oliendo mal.” (3) Op cit. Adela Cortina p30
Cuando el telos, los bienes internos, se pervierten estamos en presencia del mal olor que indica que alguna naturaleza que antes fue buena, que sirvió para cosas buenas se está empezando a podrir.
La responsabilidad de la ética y la política, de sus concreciones en el Estado deberán entonces estar normadas por la definición de los bienes internos y de los controles para que los mismos se cumplan desde una intención de construir lo bueno para el colectivo social (moral). Este compromiso ético se expresa en el Estado a través del ejercicio técnico y moral de sus instituciones y sus personas.
La corrupción genera una dinámica de intereses pues aquel que logra poseer el control y los bienes externos tendrá que extender redes que involucren a terceros, para poder tener el completo dominio de los demás bienes. De inicio no siempre el bien dominante al que se aspira es el económico sino al político porque en nuestros contextos este sirve de llave a muchos para llegar al poder absoluto que ya incluye al económico
Aquí cabe el análisis de las éticas de máximos y mínimos. La de máximos corresponden a las ofertas de vida buena en el espacio de al vida privada, aquellas a las que legítimamente aspiramos los seres humanos en nuestro recorrido por la vida con la intención de llegar a ser felices. Son personales. Las de mínimo son públicas y son determinadas por la justicia.
Corresponde a los gobiernos hacer un ejercicio moral del poder para que prevaleciendo la justicia los ciudadanos logren llegar a construir sus propias felicidades. Como tarea primordial los gobiernos y los políticos debieran trabajar por imponer los mínimos pero aspirar con sus intervenciones a que los máximos lleguen a ser mínimos (aunque suene contradictorio), es trabajar por que la posibilidad de ser felices sea un bien de orden público al igual que la justicia.
Pero este es un razonamiento académico, la realidad es que muchos políticos han empezado por corromper el discurso e invierten de manera premeditada la oferta de vida buena como consigna de campaña, llevando al imaginario popular la propuesta de que con su gobierno cubrirán no solo la justicia sino la felicidad, es decir, satisfacer aspiraciones privadas desde la esfera de lo público. Luego ya en el funcionariado otros tantos ante la imposibilidad de hacer dicha magia pasan de la perversión del discurso a la corrupción de la acción, dándose los máximos para si mismos y sus allegados (nepotismo por ejemplo) lo cual implica la postergación real de los mínimos de justicia que son la obligación moral del ejercicio público.
Desde esta perspectiva la ética pasa a ser relegada a un segundo plano, al olvidarse del telos del Estado, priorizarse los bienes externos sobre los internos y apropiarse de los máximos aplastando los mínimos. Nace lo peor, la perversión de lo bueno, algo empieza a “oler mal”, hay Corrupción.
Al priorizar los bienes externos sobre los internos vemos que no solo es la apropiación o malversación de fondos en provecho propio sino también “los delitos conexos-tráfico de influencias, uso de información privilegiada, etc, efectuados al amparo de las relaciones de poder; de otro lado, la apropiación indebida de recursos privados en las sociedades anónimas mediante grandes operaciones de “ingeniería financiera” que aprovechan la insuficiencia de los controles y los vacíos jurídicos de una legislación insuficientemente adaptada a la complejidad de las modernas relaciones económicas. El fenómeno de la corrupción conforme al uso dado socialmente al término, puede referirse , pues, tanto a la acción pública como a la actividad privada”(4) Jose Antonio Zarzalejos. Descripción del fenómeno de la corrupción,. Pag 11
A la actividad pública que es la parte visible, la que históricamente no tiene dolientes y la que tiene la experiencia real y la sobreañadida por definición y sospecha de que todo el que va al gobierno va a robar, es ladrón y agotan en el espacio público sus penas y las ajenas obviando en muchos casos la vinculación existente de casos de corrupción que son de doble vía entre ambos sectores. Los gobiernos y el Estado salen perdiendo en percepción porque de antemano ya tienen el juicio y el pre-juicio.
Un elemento responsable de estas cosmovisiones ha sido el imperio de las éticas del deber o deontológias que ha prevalecido solas por largo tiempo en el escenario social y han privilegiado y validado modelos individuales de morales públicas. Nombres, personas, verdaderos paradigmas del buen comportamiento, pero con la vulnerabilidad que tiene el mesianismo y la predestinación. A su salida de los escenarios no tienen sustitutos.
La población así lo capta y reclama nombres en los puestos y sustituciones de los cargos. Era la ética que correspondía al código moral único. Al enfrentarnos hoy a las sociedades modernas con códigos morales múltiples hay un desfase de carácter moral que nos corresponde reponer y sobre todo de crear una masa crítica dentro del gobierno y del Estado para hacer una propuesta moral de los nuevos tiempos.
A esta pluralidad social le responden distintos modelos éticos quedando sintetizados probablemente en las éticas del diálogo y las de la responsabilidad, pasando de las visiones dilemáticas de la realidad a las problemáticas y del decisionismo al deliberacionismo donde la población y sus instancias de representación juegan un papel fundamental.
LA TRANSPARENCIA

La ética vulnerada, en tanto propuesta del bien y la virtud, clama por la implementación de instrumentos que la reivindiquen en el plano del accionar moral y a veces se llega a caer en la trampa de superponer los términos de ética y transparencia como sinónimos, sin serlo, ya que la primera propone estilos de “vida buena” para los muchos, mientras que a la segunda le corresponde intentarlo, pero se mueve en la pendiente resbaladiza que ocasionalmente se inclina hacia “la buena vida” de los pocos.
Otro de los enfoques más socorridos ha sido el hacer coincidente la transparencia con la publicidad que deben tener los estamentos del estado y cuya absolutización es tan peligrosa como confundir la ética con la transparencia.
“La transparencia significa así el deber de los mandatarios o gobernantes para realizar como regla general sus actuaciones de manera pública como un mecanismo de control del poder y legitimidad democrática de las instituciones públicas” (5) Transparencia: libros autores e ideas . Ernesto Villanueva, Pag 64.2005

Se convierte en un arma de doble filo si solo instrumentalizamos la publicidad como una caja de resonancia de lo que se hace y no del porqué se hace “en ese sentido la rendición de cuentas tiene dos vertientes, por un lado los ciudadanos pueden pedirles a los funcionarios públicos que informen sobre sus decisiones o les pueden pedir que expliquen sus decisiones. Pueden preguntar por hechos (la dimensión informativa de la rendición de cuentas) o por las razones (la dimensión argumentativa) (6)La transparencia y el acceso a la información como política pública y su impacto en al sociedad y en el gobierno. Angel Trinidad Zaldivar . pag16. Mexico 2006
Responder por hechos (acceso a la información ) es parte esencial de la transparencia, dar razones argumentativas de la ética ( éticas del diálogo). A la exigencia de nuevas respuestas de transparencias le corresponden nuevas propuestas éticas que desborden el deontologismo duro.
La publicidad de lo que se hace desde los gobiernos aparece como un claro y necesario referente que sirva de garantía a la probidad de los hechos y a la diafanidad de su exposición. Es necesario, pero debe acompañarse de ese aditivo moral. Es la consagración de una obligación de gobernar en público.
N. Bobbio al referirse a la democracia también hace un posicionamiento del tema de la publicidad como requisito de la transparencia transfiriéndole un alto rango de importancia, al definir “al gobierno del poder público en público”, es decir que la publicidad de lo que se hace a nivel de gobierno constituye en si un ejemplo de lo transparente. Habla de la democracia y no de los gobiernos porque la transparencia es un requisito para todos, los públicos y los privados ya que su vulneración transformada en corrupción implica a ambos.
John Locke en 1690 había planteado algo similar al reconocer a todos los hombres en igualdad de ventajas en virtud de los derechos naturales y afirmar que estos a su vez le otorgan la posibilidad de ver como actúan los estados. Esto tiene un valor inconmensurable pero limitado si solo se deja ver y no se explica.
Por todos lados se hace un llamado no solo a informar sino a dejar ver lo que se hace, poder ver de manera clara, sin obstáculos “como actúan los estados” . En cada caso se habla de traspasar los muros que encierran la información, de dejar transparentar las acciones y de luego publicar dicho ejercicio.
La importancia de develar el mito de que es lo mismo ética y transparencia implica un compromiso ético con la política. Es un reduccionismo ver la transparencia como la capacidad de informar lo que hacemos porque en los casos donde el poder y el dominio de los bienes externos están concentrados en las mismas manos la transparencia es un artefacto que soporta el maquillaje, los números exactos, las cuentas claras matemáticamente hablando, pero ello no habla, de la planificación, direccionalidad y ejecución del gasto ni del grado de corrección moral de los mismos.
Puedo dar cuentas (rendición de cuentas) y puedo hacer uso indebido de las mismas. Plantear el uso correcto orientado al bien común es lo ético, hacerlo de manera correcta es lo moral, luego rindo cuentas (instrumental) de manera transparente. Este es un requerimiento al Estado no solo al gobierno.
La publicidad es un acto importante pero un acto segundo. El acto primero es de carácter ético, de segunda naturaleza y ello debe implicar educar a los funcionarios en las rudimentos de la ética y en la asunción de los valores que le dan soporte, de ahí la importancia de que más adelante valoremos los instrumentos con qué hacerlo. De lo contrario podemos estar enseñando a como engañar a la ética y “buscarle la vuelta a la moral”
En algunos países las leyes de transparencia corresponden de manera precisa a la de libre acceso a la información, llegando a hacerlas coincidir, lo que revela la importancia que representa para la transparencia el tema de la publicidad, pero no lo es todo. En sociedades como la nuestra ya estas premisas plantean serios problemas, pues en nuestra historia reciente de dictaduras y primeros balbuceos de la democracia, el poder ha estado sentado en el trono del silencio. Mientras más se sabe y menos se dice más poder se tiene.
El secretismo ha sido norma de los gobiernos que se han sucedido en esos primeros pasos de la democracia y de la noche a la mañana por medio del imperio de la ley se obliga a dar información de todo lo que se hace, prácticamente sin excepciones. Aquí nace el primer obstáculo de nuestra ley de acceso a la información, un elemento cultural que por demás no nos inventamos los dominicanos y que nos recuerda el profesor Jesús Rodríguez Cepeda al remontarse en la visión platónica de la República donde se considera que la posibilidad de conservar la verdad reside solo en la clase gobernante, por lo que no puede abrirse dicho cofre al común de los mortales.(6) Estado y transparencia: un paseo por la filosofía política. Jesús Rodríguez Cepeda. pps 14 y 15, IFAI. Mexico 2006
Es el fundamento para la aseveración de que unos nacieron para mandar y otros para obedecer, posición enclaustrada en una visión paternalista donde el que manda “sabe” lo que el gobernado necesita, por tanto no necesita ni informar ni preguntar sino actuar de manera beneficente, con la atenuante de que esos mismos son los que definen el contenido de lo que es lo bueno. El pecado de este modelo es que el concepto de lo bueno lo define el que manda.
Bobbio volverá sobre este esquema señalando a los primeros como los burócratas que entienden que solo en manos de ellos está la posibilidad de manejar las informaciones, porque son los expertos en dichos asuntos, lo cual aleja de toda posibilidad a los ciudadanos de participar del derecho a saber.
Hago una salvedad ya que cuando sitúo el elemento como cultural no quiero decir que es un impasse inocente, en muchos casos lleva la carga de menosprecio del saber popular y lo hemos vivido en oficinas de acceso a la información cuándo se cuestiona (y hasta la propia ley lo obliga) a saber para qué quiere el ciudadano la información que requiere.
Es la tecnocracia, la burocracia la que debe manejar estos asuntos de expertos, según ellos. Implica en el fondo un llamado a dejarse gobernar en confianza, pero a su vez a diferenciar a los que gobiernan que son los que saben y los que administran lo que saben y conocen. Es el “arcana imperii”o secreto del imperio que luego se traducirá en los famosos “secretos de estado”
Este secretismo opacifica la transparencia y en las propias leyes de acceso a la información, que son unos magníficos instrumentos para ella , empiezan a hacer sombra los espacios dedicados a la “clasificación de la información” que a decir de unos deben ser analizados de manera precisa para no convertir las excepciones en reglas y la protección de los muchos en la excusa de pocos.
Pero veamos el lado opuesto a lo antes planteado y entendamos por un momento la transparencia como un modelo de respuesta a los requerimientos del estado por parte de la ciudadanía. Si reducimos a esta a los modelos de publicidad, de información de oficio en las páginas web y a la rendición de cuentas exactas, si bien estamos haciendo un extraordinario aporte a los gobiernos y a la democracia también pudiéramos estar haciendo un pobre servicio a ambos.
Es una tarea del momento y con cierto carácter de urgencia el reivindicar la horizontalidad de la información no solo por el respeto o miedo a las garras de la ley sino por la consagración del derecho ciudadano a saber y la obligación del funcionario de decir y dejar ver.
LA ÉTICA Y LA TRANSPARENCIA

En la historia de las profesiones, las primeras, las nacidas a la sombra de Grecia, la moral era su sustento, tanto que llegaron a diferenciar profesiones de oficios. Las primeras obligaban a “profesar” a cumplir en fe a lo que hacían. De ahí se habló luego de las profesiones de los votos religiosos, del acto de profesar.
Las profesiones tenían impunidad jurídica porque tenían fundamento moral, mientras que los oficios se fundamentaban en la ley y su incumplimiento ameritaba pena. Es obvio que sin meternos al estudio cronológico del tema, la moral se fue diluyendo en la cotidianidad de las profesiones y el ánimo de servir se fue extinguiendo. La demanda surge en el firmamento profesional cuando estos engañaron a sus clientes o usuarios. En el estado la cosa no ha sido muy distinta. Ya la moral no sustenta en muchos casos el servicio y el concepto de “empleo” , “empleado”, “trabajo” hablan de manera peyorativa del contenido del ser servidores.
Tener que volver sobre el tema de la Ética y la Transparencia para definirla, diferenciarla y vincularla habla de un déficit, de una carencia.
Reducir la transparencia a dejar ver de manera diáfana lo que está detrás del cristal puede ser a la vez un arma de doble filo, ya que podríamos mostrar números y cuentas cuadrados con exactitud, podríamos convertir los demás instrumentos del estado en vigilantes celosos de dichos cumplimientos pero no estar adentrándonos en la fundamentación ética de estos quehaceres.
La transparencia abarca el cómo y la ética el por qué. La ética es el fundamento que explica por qué lo hago de esa manera y de no existir el fundamento podemos caer en el tecnicismo de expresar en números lo que no se pueda explicar con palabras y con convicciones. El ethos del estado, sus bienes internos, sus éticas de mínimos, su nicho de fundamentación tiene que residir en el servicio a los demás, fundamentados en la justicia .Podemos llegar a ser transparentes sin ser éticos, sin ser justos, sin dar razones de orden moral que nos obliguen a actuar de manera coherente.
Cuando hemos hecho coincidir ética con transparencia hemos querido decir que todo el que es transparente es ético a la vez y ya vemos no necesariamente es así. Podemos demostrar que los ingresos y los egresos coinciden con la realidad pero si no explico el destino de los fondos, el manejo de los fondos, la intención moral de las acciones no estaré siendo moral.
Cuando hemos estado formando los comités de ética de la administración pública desde la Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción nos hemos cuidado de que ambos componentes estén presentes pero diferenciados. La razón es clara. Podemos en nombre de la transparencia convertirlos en agentes de espionaje para que las dependencias a las que pertenecen actúen con claridad en su dimensión administrativa, por eso analizamos ambas dimensiones en la identidad de los mismos.
Los resultados pueden ser buenos en términos de transparencia pero pudiéramos estar pervirtiendo a la ética, pudiéramos estar promoviendo la diafanidad pero ensenando a no dar razón de lo qué hacemos.
La pregunta que se aproxima es qué debemos hacer y es obvio que en la pluralidad en que vivimos y en el individualismo existente los denominadores de “cada uno buscar lo suyo” sustituye la visión clásica de justicia en el derecho Romano “ Justo es dar a cada uno lo suyo” . Esta última afirmación implica una expresión de justicia distributiva que invita a actuar en equidad dando a cada uno según su necesidad, pero cuando el tema no habla de “dar” sino de “buscar” cambia los actores y las acciones y los que están en capacidad de hacer eso son los que manejan algún nivel de poder y de manipular los bienes externos e internos convirtiendo los primeros en bienes predominantes.
El quehacer que se impone yo creo que no pasa por la moralización de la sociedad, ni campañas de moralización masiva, pues esto solo crea lazos provisionales que son capaces de quebrarse ante las tentaciones reales a que todos nos enfrentamos. La creación de morales individuales o de modelos paradigmáticos de moralidad tienen vigencia para quienes los representan pero en el mundo plural esas figuras y modelos van siendo cada vez más, especies en extinción.
Somos hombres comunes y no ángeles dice Federico Reyes Heroles en su texto “Corrupción: De los ángeles a los índices” “la lectura de la moral individual es engañosa. En primer lugar nos hace creer que es ella la que determina la existencia o no del fenómeno. En segundo lugar no muestra las consecuencias sociales, esas que nos afectan a todos, del acto de corromper a alguien”(7) pag 8. Esta interesante reflexión descarta la idea de proponer modelos morales individuales, si bien el ejemplo es importante el contexto es determinante.
Ni la ética ni la moral son punitivas, por tanto no podemos apresar ni enjuiciar en su nombre sino por la falta de cumplimiento de ellas, pero le toca a las instancias de persecución y sanción el implementarlo.
A la ética y la moral le toca proponer el bien hacer y el bien vivir (propone, son propositivas). La gran contradicción a la que estamos enfrentados y a la que creo que hemos llegado como única vía posible en la inmediatez de la cotidianidad es a la aplicación del imperio de la ley, con todo su rigor para que podamos garantizar a las próximas generaciones el reencuentro con la moral .
Y no hablo de la moral pública o la privada, la ética es una , la moral se expresa de muchas maneras diferentes entre sí, pero cuando sus principios se vulneran en el estado es porque el espacio de lo privado las convida a convertir los bienes externos en predominantes. Alguien se estará preguntando en estos momentos : y quién aplicará esas leyes si todos estamos en el mismo contexto desmoralizado? Aquí entran los instrumentos donde todos nos controlamos a todos.
La revolución moral ya no podrá sustentarse solo en las éticas deontológicas que preconizan el deber porque sus sustratos sustentantes se han debilitado por el peso de la corrupción, esta vista desde su origen en latín “corrompere” es alterar o trastocar la fisonomía de algo. Las grandes columnas de la deontología fundamentaba las religiones y estas se han diversificado en sectas y sectores, ha habido escándalos en algunos de sus estamentos que hablan de lo cambiante del mundo, las ideologías cayeron y se corrompieron muchas, solo queda auxiliarnos de los instrumentos legales con visión de futuro.
CUALES INSTRUMENTOS?
1. Un órgano rector para la ley de acceso a la información.

Uno de los primeros ha de ser la ley de acceso a la información pública promovida como derecho ciudadano y fundamentado desde las prerrogativas que han de ser propias de la ciudadanía. No solo hacer publicidad de ella sino escuela de formación porque en sus interiores implican rendición de cuentas, obligación de transparencia pero sobre todo sanción al incumplimiento del manejo de los bienes internos de las instituciones y sanción a la negativa de dar la información veraz y oportuna, como reza nuestra ley 200-04
Su ejercicio y la sanción de la ley a su inobservancia si bien no nos hará morales lo llegaremos a hacer por vía de consecuencia.
Para hacer esto hay que fortalecer los instrumentos. Si bien tenemos más de 100 Oficinas de Acceso a la Información, no tenemos un cumplimiento estricto de los postulados legales porque no tenemos un instrumento con garras para sancionar como sería el Órgano Rector de la ley .
Por eso hay tantos sometimientos, posteriores cumplimientos obligados pero reiteración de los mismos en el corto plazo
El imperativo ético del momento es crear este instrumento para darle poder al pueblo de desjudicializar los procesos y que los ciudadanos de a pie no tengan obstáculos en ejercer este derecho y que los funcionarios serios tengan a su vez un escenario donde confrontar sus cumplimientos y desdecir de la acusaciones que sean falsas, demostrando su probidad, ya que en este momento la defensoría del pueblo la asume la prensa, los periodistas y en veces los intereses que estos representen,
Toda ley expresa la conciencia moral de algún momento histórico pero tiene el poder sancionador, por eso hablo de contradicción porque siendo la moral y la ética propositivas, no punitivas, son las que en momentos de crisis servirán para obligar a ser morales y los sancionados por no cumplir serán inmorales .

2. El apego a la ley y a sus sanciones

Podríamos seguir el curso de cada ley, de cada corrupción y de cada situación, pero el modelo vale para todos. No nos remontemos a desfalcos y desvíos de fondos, se corrompe el tránsito cuando el ciudadano usa la contravía para economizar el paso, porque sabe que no pasa nada, que el “chance “existe, que el amiguismo, la emotividad del perdón a los “padres de familia”, esto es trastocar la forma de algo y no hablé ni de soborno ni de extorsión sino más bien de compasión mal entendida.

El trabajo a seguir desarrollando es el de la modernización y aplicación de todas y cada una de las leyes para que el sancionar, destituir, sustituir a los incumplidores se conviertan en norma para quienes se apeguen a ese espíritu moral de las leyes, con sanciones, lo que podrá en el futuro propiciar un encuentro de los mas jóvenes con algo que de manera colectiva no conocen y que se llama moral.

Creo que nuestra generación no tiene escapatoria, esta es la salida. Aquellos que teman a ser sancionados o removidos actuarán obligados de manera correcta. Vaya contradicción pero no veo otra, porque hasta la transparencia la hemos corrompido.

Es un baile de dos, de sectores, que tienden a culpar a lo público a los gobiernos pero los actores no tienen sectores, hace alianzas y el reto moderno es responder con hechos de la naturaleza propuesta.


3. Las Comisiones de Ética Pública (CEP)

Estas tienen una vocación de vigilantes de la moral pública, no desde la visión de ser denunciantes y perseguidores del delito y de las prácticas de corrupción sino en la de enseñar el bien hacer en la gestión pública.

A mi entender tienen dos funciones primordiales:

a. Propositiva, desde donde desarrollan las funciones de deliberación ante hechos o acontecimientos que tienen incertidumbre moral y requiere de sugerencias morales.

Otra educativa hacia el interior de las instituciones, tanto de los servidores como de los usuarios, donde se haga conciencia de la relación de servicio y del papel de servir. No bastan ya los códigos mal llamados de ética que en realidad son un listado propios de la estética y no de la ética. Esta tarea educativa debe iniciar por la propia comisión con temas de ética y su aplicación en la administración pública.

Una tercera función consultiva, donde estas comisiones asumen el rol de consultados por la institución y sus instancias en casos que ameriten un experticio moral.

b. Transparencia. Aquí entra la dimensión de vigilante de la moralidad del accionar de su institución, entrando en relación directa con los usuarios para garantizar la calidad del servicio y la probidad del mismo, de ahí que en su composición deban estar representados servidores de las áreas de compras, responsables de acceso a la información, administrativos y voluntarios interesados en la causa moral.
El caso de los buzones de transparencia son un ejemplo claro del llamado al que
deben responder estas comisiones haciéndose responsables de recibir y tramitar
con diafanidad las quejas y denuncias de la población que recibe sus servicios.

Pueden haber más funciones pero no debemos complicarlas. El objetivo de estas comisiones tienen que apegarse a estos modelos de ética y moral que hemos definido y preservarles de convertirse en grupos de espionaje o castigo dejando que fluyan su acciones como lugar de encuentro de la ética y la transparencia

El punto de encuentro de la ética y la transparencia son las Comisiones de Ética Pública, pero esto hay que pulirlo, hay que trabajarlo.

La tarea moral del momento es difícil porque se trata de gestar un modelo moral para el Estado Dominicano.

 

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