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Iniciativas de la República Dominicana para generar un Estado ético y transparente

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 Panel:

Iniciativas de la República Dominicana para generar un Estado ético y transparente

Ponencia:

Ética y transparencia en la gestión pública

Autor

Miguel Ángel Suazo Báez

Introducción

El tema de la gestión del estado es algo que de repente adquiere una vigencia extraordinaria a nivel de nuestros países. Administrar los bienes del pueblo desde las distintas dependencias oficiales es una tarea que requiere eficiencia técnica y probidad moral.

 En realidad el tema es antiguo, lo nuevo es el abordaje que se ha estado planteando por parte de los gobiernos y reclamando por parte de los gobernados con un denominador común llamado "Transparencia".

Los aspectos técnicos con los que éstos se manejan son los que clásicamente se han usado. Distintos modelos economicistas  o políticos han constituido  la oferta tradicional y el pueblo los acoge o rechaza en los escenarios pre-electorales marcados por campañas que en propuestas de vida buena ofrecen hasta lo que no es posible cumplir.

Este fenómeno ocurre a sabiendas de su imposibilidad por parte de los ofertantes, pero requeridos por los electores aunque sepan que no serán cumplidos.

En esa dinámica nos hemos movido por largo tiempo, pero un movimiento de maduración de la democracia por un lado, la construcción de ciudadanía por otro y los requerimientos de carácter internacional establecidos por acuerdos  como los del libre comercio exigen pautas que son garantías económicas para los interesados pero que de manera colateral hacen hincapié en  postulados éticos que transcurren bajo el manto de la transparencia en la rendición de las cuentas administradas.

Aceptamos que en esos lineamientos no hay necesariamente una intención moral en primera instancia sino más bien una seguridad de que las inversiones de las multinacionales no peligran en un clima adverso, pero coinciden a su vez en garantizar postulados morales que deben ser aprovechados desde esa misma garantía

Esta situación fenomenológica de un lado y una intencionalidad moral de algunos sectores gubernamentales han permitido a nuestro país sentar bases para la construcción de un futuro moral.

Esta coyuntura ha sido aprovechada por el estado dominicano y en especial por este gobierno   para sustentar con hechos realidades morales.

Entre ellas podemos anotar como un primer elemento de impacto el surgimiento de oficinas de ética o comisiones paralelas al tren gubernamental para dar fundamento moral de las acciones planificadas o ejecutadas en búsqueda de mejores condiciones de vida,

Han habido varios  pasos en ese sentido:

Primero en el reconocimiento de la necesidad ética en la administración de lo público, segundo en la intención de instalar el comportamiento ético como práctica de estado y tercero en la identificación de la confrontación existente entre la intención de buscar lo bueno y las constantes evidencias de las inconductas de funcionarios que desdicen con la práctica lo que afirman predicar en el discurso, hecho este que como contraposición a los postulados de transparencia la colectividad lo bautiza como corrupción.

Si la transparencia ha sido definida como las actividades llamadas a ser expuestas y conocidas por todos sin necesidad de ocultar ninguno de sus componentes, la corrupción será la perversión de lo bueno.

La polarización que nos introduce a este tema viene dado por la dinámica: transparencia-corrupción, en tanto marco conceptual que sirve para  develar todos las interioridades del ejercicio público y su opuesto que lucha por buscar

cada vez nuevas formas de encubrir el engaño o la distracción de los bienes públicos que le corresponde administrar a los gobernantes de turno.

1. Reconocimiento de la necesidad ética y transparente en la gestión pública de la República Dominicana

Como ya hemos señalado una característica distintiva en el Gobierno Dominicano ha sido la de dotar al Estado de una identidad ética que si bien no se agota en la realidad, no es menos cierto, que deja sentadas las bases para que estas superen a la transitoriedad de los gobiernos y obliguen a la posteridad a deslizarse por los canales que a nivel instrumental se han ido organizando

Un ejemplo lo constituyen los comités de ética en la administración pública que fueron promovidos por medio del decreto 149-98 y asignados como responsabilidad del anteriormente llamado Departamento de Prevención de la Corrupción Administrativa (DPCA),y cuyo planteo sustantivo, según reza el propio decreto es el de "servir de ente promotor de la vigencia y el fortalecimiento de la ética y la transparencia en la gestión administrativa de la entidad a la que pertenece" (1)

Como podemos observar el tema de la transparencia es puesto en el tapete con el claro objetivo de que se convierta en un tema  de la cotidianidad y en una preocupación ética por un ejercicio moral en el servicio público.

 Podemos argumentar que el decretarlo  no modifica las realidades de corrupción existente por décadas, pero tampoco  se puede negar que dar inicio a la participación de los propios funcionarios y los servidores de menor jerarquía establece un mandato moral de extremado valor.

La corrupción se caracteriza por todo lo contrario, más bien por buscar mecanismos que no permitan develar sus pasos y por la inexistencia de mecanismos que puedan ponerle obstáculos en el orden legal y  moral.

 De manera que los Comités de Ética con su primera tarea ordenada de promover la ética obliga a proyectar planes de acción al interior de las dependencias estatales que sirven de referente e instancia de confrontación entre lo que se promueve y lo que sucede en la realidad obligando, por lo menos, al surgimiento de prácticas prudentes.

Esas prácticas las pone bajo la responsabilidad del DPCA de manera  que la obligación se cumpla y no pase al olvido como suele suceder en muchos casos en que sólo hay que dejar que el tiempo se encargue de su extinción.

Esto lo garantiza  al afirmar en dicho decreto que la función de los comités será la de "Servir de canal de comunicación entre dicha dependencia y del DPCA para el diseño, promoción y desarrollo de planes y actividades de fortalecimiento de la ética y la transparencia en la gestión de esa dependencia publica" (2)

Este decreto es promulgado en 1998. En el año 2000 surge un gobierno perteneciente a otro partido y la obligación moral establecida dos años antes dio pie a que los comités de ética se siguieran conformando así como el decreto  120-01   que instituye el Código de Ética del Servidor Público.

Podemos ubicar a esos dos períodos gubernamentales  como una primera fase de nacimiento y crecimiento de los Comités y a su vez de instauración legal de una premisa moral a través de instrumentos de inducción a la transparencia

En el 2004 el gobierno forma la Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción, CNECC, mediante decreto 101-05 con la clara misión de establecer un plan estratégico para la exigencia y el monitoreo de la transparencia . En su definición, aparecida en su página web la comisión se describe de la siguiente manera:

"La Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción (CNECC) es el órgano rector que tiene bajo su responsabilidad el monitoreo del Plan Estratégico de Ética, Prevención y Sanción a la Corrupción y de sus respectivos planes operativos, a través de un sistema de coordinación, animación, seguimiento y evaluación de la implementación.

 Este plan constituye la manifestación social y política más sana, clara y decidida en la lucha contra la corrupción y en la búsqueda de forjar una administración pública transparente. El Gobierno Dominicano asumió el compromiso, junto a la sociedad civil, de consensuar una estrategia que se tradujera en un accionar eficaz e inmediato y que paute su política en esta materia para el período 2005-2008" (3)

A este decreto le sigue una serie de actividades que estructurados en un plan estratégico de acción involucran a las dependencias del Estado a ser desarrolladas dentro de un marco conceptual de la ética del servicio y del servidor público. Se reconoce la ética en su unicidad, desmitificando aquellas falsas premisas que preconizan la existencia de una ética pública y otra privada, obligando desde la perspectiva moral a todo el Estado mediante estos instrumentos sociales.

La ética como tal es una y lo que cambian son los escenarios de los sujetos. Son los escenarios los que son públicos o privados pero el deber moral es el mismo para todos.

2. Intención de instalar el comportamiento ético

 

La intención de moralizar el espacio público desde una perspectiva  ética ha quedado plasmada en la redacción anterior. Ello no quiere decir que se ha cumplido, Ello no quiere decir que no exista la corrupción en determinadas instancias del poder. Ello no quiere decir que tenemos un modelo de estado moral, ello quiere decir que existe la voluntad para hacerlo y que apenas estamos en el camino que esboza dicho proyecto.

Dada la historia de corrupción, de malas artes en el ejercicio de la administración pública, de legitimación de dichas inconductas por las propias autoridades en distintos períodos de nuestra historia pasada y reciente se requiere de la voluntad política y moral para establecer  nuevos parámetros en la administración que involucre al servicio y al servidor identificado con la transparencia.

En algunos momentos las salidas propuestas estuvieron desencaminadas, se colocó a la ética como  mediación punitiva para quienes la vulneraran, se equivocaron los pasos al pensar que la ética debía ser el puente para castigar las malas acciones.

El tiempo de clarificación ha sido necesario, sobre todo al evaluar los resultados. La motivación moral intrínseca no modificó lo que se esperaba, se convirtió en discurso.

Hemos llegado al momento en que una acción paradójica nos recoloca en el tránsito buscado. Es paradójica porque parte del reconocimiento aprendido de que la ética no es ni puede ser punitiva, ya que al asumirla como tal, violentamos su esencia propositiva dirigida al bien hacer y a la búsqueda del bien común.

El Estado es garante del bien común y la forma de lograrlo es a través de sus propias instancias, fundamentado en la eficiencia técnica y en las intenciones beneficentes.

Una rápida revisión de la historia nos recuerda que en el mundo griego se apeló a la moral como fundamento de las profesiones, asignándole impunidad jurídica, contrario a los oficios que de manera inversa se fundamentaron en la ley y no en la moral.

La moral es la base fundante de los inicios de la actividad humana de esa tradición mediterránea y sólo aparece lo legal como instancia punitiva para quienes violan los acuerdos socialmente establecidos como de cumplimiento obligatorio y normado por el marco legal.

Lo moral sólo obliga a lo moral, por esta vía nadie puede ser condenado más que a condenas morales y sólo si ello transgrede a la ley podrá ser sancionado por la ley.

Así es posible comprender que en base al discurso que apela a la moral per se no ha habido resultados de importancia y que la ley establece mecanismos coactivos para lograr el cumplimiento de lo pautado por ellas.

Nos encontramos en un momento de suma importancia en esta contradicción señalada y es que el Estado ha inaugurado una época de legislaciones conducentes a la eficiencia y a la equidad y podría alguien señalarnos que la ley siempre ha tenido este objeto y es cierto.

En la medida en que ella ha sido acompañada de las instancias que señalamos al principio como acompañantes, es decir, el pensamiento ético y las mediaciones morales que expresadas en decretos y leyes se han instaurado hemos pasado a un segundo momento de gran trascendencia: La construcción de un estado moral desde su estructura legal.

 

 

a) La construcción de un estado moral desde su estructura legal.

Las leyes que nos obligan al libre acceso a la información, a la de contrataciones de bienes, obras de servicio y concesiones, la de declaración jurada de bienes, como rendición de cuentas, entre otras.

Esto adquiere un valor que las trasciende en cuanto no se agotan en sí mismas como ha sido la norma histórica, sino que al acompañarlas de los mecanismos morales antes señalados, entramos a lo que hemos llamado una contradicción epocal: el que caminemos hacia lo moral por exigencia de lo legal

Es una contradicción epocal porque por definición la ética no es punitiva, sin embargo, de esa capacidad coactiva estamos sentando las bases para un ejercicio moral que probablemente se pueda evidenciar en el futuro, pero que no tiene más alternativas que apoyar desde esta perspectiva legal.

Entra en contradicción con el postulado popular que minimiza a nuestras leyes al decir: Las leyes siempre han existido, lo que pasa es que no las cumplimos, es decir, se acusa a que la corrupción cubre a la intención transparente.

 Esto es cierto, pero a nuestro modo de ver estamos viviendo la última oportunidad de recobrar la moral en el futuro y es si podemos hacerlo por la vía punitiva del sistema jurídico.

El sistema jurídico no escapa a los tentáculos de la corrupción, de manera que la moral adquiere una dimensión extraordinaria al expresarse a través de las instancias  y de las personas  que apoyan esta intencionalidad y que están, por ahora, obligados a fortalecer el imperio de la ley.

De la tradición moral pasamos a la inmoral, ha sido una cultura la que se ha ido imponiendo para hacer prevalecer mediante el engaño los beneficios particulares sobre el colectivo.

Así como podemos afirmar que no existe una ética pública y otra privada también podemos afirmar que no existen escenarios preferidos para la corrupción. Existe tanto en lo público como en lo privado.

En el libro "Más ética más  desarrollo" de Bernardo Kliksberg nos narra la historia de la Enron con los fraudes a los usuarios para el beneficio de uno de sus funcionarios y como argumento atenuante planteado por los abogados del mismo se argumentó que  había sido entrenado para eso por la compañía" y el autor afirma que la falla estaba en la cultura corporativa.

Es el modelo reproductivo de las instituciones los que traen el germen de la corrupción como cultura instituida, por lo que corresponde no es una moralización discursiva sino incluir un proceso de trabajo a nivel de las actitudes convirtiendo los escenarios y haciendo una transposición donde se cambie la visión de ser empleado por el de ser servidor.

Parece que hablamos de lo mismo pero es evidente que el sustrato ético es diferente ya que el término "empleo" arrastra una cosmovisión de un trabajo por paga, que por cierto ha sido malpara, pero con una serie de compensaciones individuales que el propio sujeto se gestiona por cuenta propia.

Iniciar por crear  una cultura de "servidor" pasa por la creación de un sentimiento moral, pasar por la piel, la idea de servir con honestidad y reclamar con firmeza el derecho a ganar bien por lo que se hace bien.

 Es la lógica de la ética. No quedarnos  en la pobreza extrema del trabajador como si fuera un sacrificio de carácter religioso sino como una propuesta de construcción de una sociedad mejor que se alimenta con los aportes pequeños  y grandes que todos hagamos.    

Las éticas de mínimos, nos recuerda Adela Cortina, tienen su fundamento en la justicia y ésta no sólo es planteada como lo escrito en las legislaciones o aplicada en las cortes, sino que estamos llamados a operativizar socialmente a la justicia en todas las instancias del Estado.

Las éticas de máximos son las que fundamentan las aspiraciones de felicidad y resulta que éstas sí han sido operativizadas por quienes han detentado el poder, al aplicárselas a la búsqueda de su propio bien, a la construcción de la felicidad individual, vulnerando la justicia en tanto se están apropiando de lo que corresponde a todos para ser felices en el plano de lo individual.

"De experimentos como éstos, ampliables casi al infinito, venimos a concluir que, aunque en la vida cotidiana justicia y felicidad sean dos caras  de una misma moneda, las cuestiones de justicia se nos presentan como exigencias a las que debemos dar satisfacción, sino queremos quedar por debajo  de los mínimos morales, mientras que los ideales de felicidad nos atraen, nos invitan, pero no son exigibles" (4)

Es tarea del Estado desmontar estos modelos de máximos que sólo han beneficiado a los que han fungido como servidores que en nombre de todos construyen sus modelos de vida buena apelando a la felicidad. Este desmonte requiere que la moral y la ética hagan posible a la justicia entre nosotros.

En nuestro caso la justicia reside en  la ley y la tarea en promoverla garantizando su cumplimiento con nuevas legislaciones e instancias que la acompañen.

3. Confrontación constante entre la intención de buscar lo bueno y las prácticas corruptas

Nos encontramos en la actualidad en una doble contradicción. Una de los que opinan que no es posible recobrar la moralidad de la gestión pública, ya que es una condición humana la que nos hace corruptos. Es la visión hobbesiana de que es la propia condición humana la que nos hace intrínsecamente malos, hace que el hombre sea el lobo del hombre.

"El supuesto del que Hobbes parte para suponer que el hombre es el lobo del hombre, es que el hombre está en una constante competencia con los demás hombres, lo que conduce a la aparición de "la envidia y el odio y finalmente a la guerra". Esto supuestamente es una característica innata en el hombre y es el argumento principal que utiliza para justificar la creación de un Estado autoritario". (5)

Si consideráramos a Hobbes como referente no tendríamos alternativas ni la posibilidad de apostar a un estado lo más moral posible. Sería condenarnos a lo imposible ya que en el sujeto humano que protagoniza estos escenarios existe la maldad por vocación

Es cierto que esta condición natural de seres perfectibles e imperfectos nos coloca en la imposibilidad de la perfección, del estado impoluto e incorruptible.

Es justamente la negación de este pensamiento el que nos ubica en la razón de que es posible obtener la concretización de una ética donde estos procesos se constituyan en mínimos decentes. Ya Diego Gracia y la misma Adela Cortina nos han advertido de la importancia de no descender de los mínimos por que allí solo reside lo inmoral.

Es una tarea de construir los mínimos colectivos de justicia para que las personas puedan aspirar a los máximos de felicidad. Estos mismos autores ya han sido categóricos al afirmar que a la felicidad se invita pero a la justicia se obliga.

La justicia tiene que ser impuesta por el estado, pero una justicia distributiva de educación, salud, empleo, recreación como derechos inalienables y bases objetivas para que con esos mínimos los ciudadanos construyan sus máximos.

Este es un tema de actualidad "en efecto, si en alguna ocasión Rawls sugiere construir una teoría moral que contemple todas las posibles virtudes, no es menos cierto que ha limitado su labor a la justicia, tal vez porque el procedimiento constructivo empleado por nuestro autor  únicamente para virtudes sociales es adecuado" (6) 

La tarea básica es trabajar para construir los mínimos de justicia y ello debemos convertirlo en posible haciendo que las estructuras estatales funcionen desde un marco legal que permita un ejercicio moral que redunde en la equidad para el bienestar de las mayorías. Eso solo es posible con estructuras, leyes y personas

Hay que hacer creíble y posible un estado decente y ello no puede hacerse en base a la prédica, sino a la instalación de procesos y a la evaluación técnica y moral de los mismos.

Este panel en el que vamos  a trabajar es un modelo en donde vamos a conocer los resultados de distintas experiencias de lo antes planteado. Veremos como a partir de un marco jurídico manejado con criterios morales se encamina un proceso de moralización del servicio público y se manifiesta la intención ética del Estado   

Veamos sus debilidades intrínsecas, sus choques con las resistencias tradicionales que defienden intereses creados, pero la suma de instituciones, leyes y personas con voluntad de hacerlo bien sienta bases de futuro.

Conclusiones

Es obvio que nuestras sociedades necesitan revisarse desde sus estructuras morales para poder conducirlas hacia lo que es un objetivo innegable: Crear las bases de la justicia para lograr que la equidad construya condiciones dignas en las vidas de todos y cada uno de los miembros de la colectividad.

No es un secreto que estos predicados nunca han estado ausentes, pero en la realidad no han estado presentes.

Quizás por cosmovisiones Hobbesianas o por visiones individualistas y muchas veces por propuestas de parte de los políticos con oferta de vida buena fundamentadas en proyectos de felicidad que nunca podrán ser cumplidas por pertenecer a las éticas de máximos. Estas son aspiraciones propias de los espacios privados y no públicos, es decir, que deben ser construidos por las propias personas y no por estados de bienestar que ya han demostrado su inviabilidad.

Es la tarea de la construcción de mínimos de justicia  que vemos con claridad que deben ser exigidos desde los mínimos de justicia que son responsabilidad del Estado y que cada vez nos queda más claro que deben ser exigidos a través de marcos jurídicos que obligan de manera coactiva a su cumplimiento.

Rescatamos como contradicción necesaria la tarea del Estado de buscar la moral por vía de lo legal. Es como si se nos presentara una última oportunidad de moralizar el Estado o perecer y ,ante esta última posibilidad, nos aferramos a la tarea de validar la construcción de un marco jurídico con una perspectiva ética.

Si bien esto no nos da garantía inmediata de que todos seremos modelos de moralidad nos permitirá crear en perspectiva mínimos decentes que obliguen a los gobiernos a dar seguimiento y a la sociedad a que sus miembros se asuman como ciudadanos ejerciendo la responsabilidad como norma.

Ciudadanía y justicia son dos elementos fundamentales para lograr la formación en valores nuevos donde la transparencia sea la norma y que las nuevas generaciones crezcan en esos modelos axiológicos para que se conviertan en su referente "construir una sociedad civil con vigor ético exige, como elemento indispensable, que aquellos valores en lo que esa sociedad  cree, es decir, aquellos que cree deberían realizarse, se transmitan a las generaciones más jóvenes a través de la escuela, la familia, el grupo de edad o los medios de comunicaciones" (7)

Estamos frente al tema de la ciudadanía, de la construcción de ciudadanos que no estén identificados como tal porque tienen cédula de identidad y derechos consabidos por vía de la misma, sino que también tiene deberes de cumplir con la responsabilidad de apropiarse de la sociedad y la construcción de lo bueno para todos.

Los modelos a exponer en este panel son sólo algunos balbuceos de lo que en materia de ética en el espacio de lo público se ha propuesto el Estado y de manera especial el Gobierno y es menester presentarlo y promoverlo porque es una de las formas de establecer los mecanismos que garanticen su permanencia.

Referencias Bibliográficas

1.  http://www.camaradediputados.gov.do/masterlex/MLX/Originales/1B/503/6

     FC/70D/9981g.doc. 26-7-07

2.  http://www.camaradediputados.gov.do/masterlex/MLX/Originales/1B/503/6

     FC/70D/9981g.doc. 26.-7-07

3.  http://www.cnecc.gob.do/quienessomos.htm,25-7-07

4.  http://www.geocities.com/Athens/Acropolis/5132/cafe11.html.29-7-07

5.. http://www.geocities.com/Athens/Acropolis/5132/cafe11.html: 29-7-07

6.  Cortina.:(2000:135)

7.  Cortina.:(2000:17)

Bibliografía

1.  http://www.camaradediputados.gov.do/masterlex/MLX/Originales/1B/503/6

     FC/70D/9981g.doc. 26-7-07

2.  http://www.camaradediputados.gov.do/masterlex/MLX/Originales/1B/503/6

     FC/70D/9981g.doc. 26.-7-07

3.  http://www.cnecc.gob.do/quienessomos.htm,25-7-07

4.  http://www.geocities.com/Athens/Acropolis/5132/cafe11.html.29-7-07

5.. Aristóteles. Obras Selectas. Etica Metafísica.. Edimat.libros. SA 2001

6.  Cortina Adela. La ética de la sociedad civil, Edición. Grupo Anaya. Madrid.

     2000

7. Cortina Adela. Etica Mínima.. Tecnos. 11ma edición. Grupo Anaya. Madrid.

     2004

8.  Jonas Hans. El principio de responsabilidad. Herder. España 2004

9   Kliksberg Bernardo. Más ética más desarrollo. Era edición, Grupo Editorial 

     SRL. Buenos Aires 2004

10. Potrouski,V S.. Historia de las ideas políticas. Editorial Grijalva. S:A  . 

     1966

Reseña biográfica.

Miguel Angel Suazo Báez

Director Unidad Ëtica

Consejo Nacional para la Reforma del Estado (Conare)

Edificio de Oficinas  Gubernamentales Juan Pablo Duarte. 6to piso

Tel 809-6861800. Fax 8096882148

Mail. msuazo@conare.gov.do

Web: CONARE@gov.do

Resumen

El Estado Dominicano se debate en un proceso interno de reforma y modernización con una intención ética que le sirve de marco referencial

Distintos ejemplos podrían abonar esta idea, por lo cual sólo decidimos presentar cuatro de ellos fundamentados en el encuadre moral que los sustenta

Consideramos que en ese campo vivimos un interesante proceso que es intrínsecamente contradictorio. Contradictorio porque estamos ante la evidencia de que en la historia de la humanidad hemos perdido el rumbo y el soporte que ofrecía la moral al quehacer de los profesionales y de los servidores públicos.

Hoy estamos obligándonos a recorrer este camino, vía la imposición legal
La reforma, la modernización encuentran un encuadre en el campo de las leyes como son la de acceso a la información, compras y contrataciones, la justicia y sus normativas, entre otras. Todo parece indicar que tenemos que obligarnos por vía legal al o que debía existir por vía moral


Decimos que es contradictorio porque la moral debe inspirar e insuflar de espíritu a la ley y ahora resulta que es por vía de la coacción que se nos enseñará el camino perdido de la moralidad

.
Con los modelos a presentar en este panel podremos ver cómo las obligaciones legales nos conducen al cumplimiento, a la rendición de cuentas, a la transparencia y cómo ante las inconductas hay sanciones de tipo administrativas y penales como forma de coerción.


Es una clarísima evidencia de que si esto ocurre es porque no estamos actuando apegados a principios morales, donde las ofertas de vida buena que desde las tribunas políticas se hacen a la población no están siendo cumplidas o están siendo mal formuladas al llevarlas al terreno de propuestas que son máximos de felicidad y no lo que debían ser: mínimos de justicia.

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Comentarios Iniciativas de la República Dominicana para generar un Estado ético y transparente

Dr. Suazo


Considero este un excelente aporte de analisis y aprovechamiento para la generacion de estrategias orientadas al logro y alcance efectivos de una cultura basada en valores y un Estado de transparencia. Nuestra sociedad ha ido perdiendo los valores civicos, eticos y morales que hace unas decadas conformaron uno de los pilares mas solidos de union y respeto familiar, ademas del soporte de una nacion que aunque ha sido tradicionalmente orientada a una politica clientelista, estuvo de frente al patriotismo y la soberania.


Naciones tan avanzadas como Japon y Estados Unidos no fueron siempre desarrolladas, sino que en su proceso de evolucion desde el sub-desarrollo, sufrieron grandes crisis de clientelismo, decadencia y corrupcion. Lo que marco la gran diferencia fue el predominio de una cultura nacionalista basada en la identificacion y preservacion de valores eticos, transferidos de generacion en generacion en busca del bien comun. El subdesarrollo es una actitud mental que solo puede ser superada con fortaleza, voluntad y el deseo desinteresado de crear un pais mejor para todos.


Saludos cordiales,



Luis Cancio, MGP


Consultor en Gestion Publica / Espec. en temas de Merito, Transparencia de la  Burocracia Estatal y Desarrollo Social


lcancio@hotmail.com

Luis Cancio Luis Cancio 21/07/2010 a las 05:31

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