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REIVINDIQUEMOS LA SEXUALIDAD EN LA VEJEZ

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El director y actor estadounidense Woody Allen ha dicho muchas frases jocosas y profundas a la vez, sobre la sexualidad, y queriendo centrar la importancia de la vida sexual dijo que, “Solo existen dos cosas importantes en la vida; la primera es el sexo y la segunda no me acuerdo”. Con esta frase, lo que quería colocar una sola en importancia, mientras que en otra ocasión, preguntó si habría sexo en la otra vida.

Su genialidad coloca en el centro de la vida la importancia de la vida sexual y aunque no entra en detalles, no escapa a los intereses propios de la sexualidad. En el tema a desarrollar, con los comentarios de Allen sobre la pregunta de la vida sexual después de morir, queda claro que la sexualidad es importante en cada esquina de la vida, entre ellos el proceso de envejecimiento.

El título habla de vejez, pero en realidad cada día nuestro cuerpo se hace más viejo que el día anterior. Por eso, es mejor hablar del envejecimiento como proceso, y como manera de romper con el mito de que al llegar a determinada etapa de la vida, como si fuera algo mecánico, entregamos o nos rendimos; cuando la realidad es que cada día avanzamos, realizamos y entregamos algo de nuestras vidas, no como fracaso sino como misión cumplida.

La visión terrible de la sociedad capitalista es el valor de uso, y que mientras somos productivos, atractivos y viables somos “útiles”, pero si se etiqueta a una persona en el concepto de “viejo” o “vieja”, se asemeja a la idea de que debe rendirse.

Por esas visiones simplistas, la vejez ha pasado a verse como castigo, como olvido, como camino a la muerte, por ello “a los viejos improductivos”, no se les consulta, no se les oye, no se les toma en cuenta.

Por eso, imaginar o pensar en la sexualidad de un viejo o vieja es difícil, lo cual sería diferente a pensar en la sexualidad de un envejeciente. En el primer caso, todo tiene fecha de expiración, y saber que pueda tener expresiones sexuales es como entender una enfermedad perversa que no va con su estatus; por lo que entender la sexualidad como parte de la identidad de la persona, es entender que las formas cambian, pero el contenido no, y así debe ser, porque cuando envejecemos vamos validando las pérdidas y las disminuciones.

Ya no se puede correr como antes. Los jóvenes se confrontan con los niños y niñas, y a pesar de su juventud, ven que no pueden torcer sus músculos como ellos y ellas, o hacer las acrobacias que su flexibilidad les permite. Sin embargo, es una prueba de que son jóvenes envejecientes, con una vida sexual plena, activa, con capacidad de ir al gimnasio, a las fiestas, amanecer; alguien a quien no le hace falta la actividad acrobática de la niñez, pero que la perdieron. Envejecer es ir dejando cosas atrás para tomar otras nuevas propias del camino.

“Y el amor no lo reflejo como ayer”, dice el cantautor cubano Pablo Milanés. El envejeciente de más edad, el que la sociedad le llama viejo, ha perdido más cosas en la forma, pero conserva el contenido. El amor está, el amor lo expresa, pero no lo refleja como en el pasado; imposible, porque lo refleja como en el presente, porque lo importante es mantener el amor y no el reflejo.

Este tema es apasionante porque la sexualidad es como la cédula de identidad de cada quien, individual y compacta, porque en ella va nuestra vida entera incluyendo el amor, la actividad sexual, el cariño a los demás, los valores, etc.

Reivindicar la sexualidad en la vejez, quizás debería destacar la importancia de la sexualidad en el proceso de envejecimiento, porque así no se espera la trágica imagen de la mecedora y la pijama del que se rindió, sino la imagen activa de quien cumplió y le quedan entregas pendientes, que le son propias como los nietos y las nietas que antes no estaban, como los aportes propios de la experiencia acumulada y la expresión de un amor con los reflejos de la edad, pero existente y vivido sin vergüenzas, porque no es la expresión del liquidado, sino de quien responsablemente avanza en el proceso del cumplimiento.

Reivindicar es reclamar lo que a uno le pertenece, defenderlo y en este caso, sin lugar a dudas, no hay nada más propio que la sexualidad de las personas en cualquier etapa de su vida, desde antes de nacer y según Woody Allen hasta después de muertos.

 

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